Nada se escapa al amor II

Ahora querría hablarte de mí, de una intimidad mía para que me conozcas un poco más y veas algo que descubrí y que me cambió la vida. De hecho, me la salvó y por ello quiero compartirlo contigo. Me llamo Carlos, soy de Girona, tengo 32 años y hace casi 4 que volví a la fe. Para resumírtelo mucho y no contarte mi vida en verso, te digo que mi familia es católica y que me formé en la fe cristiana desde pequeño, pero con 18 años decidí apartarme por buscar mi propio gozo, mi bienestar, mi placer… todo ello, claro está, desde mi punto de vista limitado como humano y por la inexperiencia que tenía en ese momento.

Te cuento también que yo soy el mayor de 3 hermanos y me siguen Miriam, de 31, y Marta, de 28. Ellas han sido siempre un ejemplo de fe y de amor para mí porque pese a todo el daño que les hice siempre con malas palabras, golpes e insultos, jamás me han dejado de querer ni me dieron por ‘perdido’. Ahora, siguen siendo uno de mis referentes y, además, la «pequeña», Marta, hace 5 años que entró a un convento de clausura en la orden de la carmelitas descalzas de Vic. Es la chica más feliz que existe bajo la capa de la tierra. Entró con 23 años y no es la más joven del convento, para que te hagas una idea del amor que tienen algunas personas a Jesús y cómo le entregan su vida para poder rezar por todo el mundo, para ser cuidadoras de almas y poder llegar a cualquier lugar a través de ese medio, la oración. Están rezando por ti, concretamente por ti y, a la vez, por todo el mundo, en especial, por quienes estáis sufriendo más por culpa del virus.

Cuando Marta entró al convento, yo seguía sin practicar como cristiano, pero mi vida empezó a cambiar sin darme cuenta. Un año después de que ella entrar a la orden, fuimos con la familia a Medjugorje (un pueblo de Croacia que está teniendo muchas conversiones y donde la Iglesia investiga si, como se dice, se está apareciendo la Virgen hoy en día y desde hace más de 35 años). Allí descubrí este gran regalo del que te quiero hablar: descubrí el amor, pero no solamente el humano, sino el más pleno y puro, el divino. Me sentí acompañado por la Virgen desde el inicio de mis días, vi cómo nunca se había alejado y cómo siempre estaba y estaría ahí, al lado, porque es nuestra madre. En el último testimonio que tuvimos a lo largo de 5 días, el de Patrick (un canadiense extraordinario con una mala vida durante los primeros 40 años de su vida), sentí cómo la vida volvía a cobrar sentido.

Hasta ese momento, pese a creer que yo era feliz, tenía un constante sentimiento de no sentirme pleno, de verme en el día a día como alguien que sobrevive a la selva y que al día siguiente tiene que volver a pelear con y contra todo para seguir vivo un día más y eso… agota y mucho. En Medjugorje cambió absolutamente todo y sentí cómo sí que podía vivir al lado de Dios y hacerlo sin ‘reprimirme’ de nada, sin renunciar a todo lo bueno porque todo tenía ahora un tono distinto. La vida es preciosa, pero debemos aprender qué es lo que nos puede llenar y qué no y, especialmente, saber qué podemos hacer que nos llene porque lo envolvemos de amor. Es decir, si me tomo unas copas con mis colegas, saber que coger una «cogorza» va a ser algo que va a limitar y mucho mi capacidad de amar a quien tenga al lado. Entonces, claro que puedo beber, pero moderadamente para disfrutar de su compañía y llenarme de su vida, de charlas muy interesantes que puedan surgir, pero no de alcohol hasta que no sepa qué digo ni qué hago. Creo que con este ejemplo puedes hacerte una idea de lo que he aprendido y de lo que te quiero transmitir.
Ya ves que no es otra cosa más que Dios. Sí. Pese a que quizás tú no seas practicante o creyente, esto es algo que te cambia la vida, algo que le da sentido a todo, algo que te da la vida y algo que te hace exageradamente feliz… creo que estarás conmigo en que no puede ser mentira ni malo lo que te hace sentir así. Solo hay que saber pedir.
Lo que yo obtuve fue un regalo y es algo que no puedo quedarme solo para mí.

Si te «pica» un poco la curiosidad y no sabes cómo empezar para poder estar cerca de Dios, te digo lo más básico y que funciona el 100% de las veces, también, cómo no, en un momento complicado como el que estás viviendo.
Solo tienes que decir: «Jesús, haz que vea». Repite estas palabras por dentro y Él te escuchará, te lo aseguro. Es su amor el que nos trajo al mundo y es Él mismo quien por amor deja que todos actuemos con libertad y la naturaleza lleve su cauce, pero ello no significa que te abandone y que quiera el mal, sino que Dios saca siempre lo mejor de cada situación. Por ello, pese a que igual no lo entiendas y te pueda incluso enfadar, créeme, yo también he pasado por esa sensación y he descubierto la verdad que te estoy contando. Incluso si tu cabeza no entiende (como la mía muchas veces), tu razonamiento no lo ve claro frente a esta idea, déjalo, no le des más vueltas. Deja de pensar y siente, deja de frenar al corazón y dale alas para que te lleve al amor. Deja de sufrir y goza del cariño de quienes han estado cerca siempre y que ahora no pueden, pero que dejan en manos de tus cuidadores o cuidadoras todo ese amor para que te llegue a ti. No estás sola, no estás solo y pase lo que pase, Dios y la Virgen estarán a tu lado para llevarte en volandas. Confía pese a no conocer, confía y siente con el corazón, no limites el amor en el estrecho cubículo del razonamiento. Deja que fluya como un río montaña abajo, que empape todo lo que encuentre a su alrededor y así todo se cubrirá de esperanza donde solo ves dolor y pena. La oscuridad será luz y el frío calor, te lo aseguro. Espero que puedas encontrarlo porque realmente lo pidas al corazón. Que Le busques. Recuerda: «Jesús, haz que vea» y junto a ello, puedes añadir cualquier otra petición personal y luego, deja que fluya. No limites la respuesta al tiempo físico que conoces, deja que sea Dios quien lo dirija como crea mejor porque Él nunca se equivoca y es quien sabe más.

Espero de corazón que puedas sentirte un poco mejor después de compartir este rato juntos. La verdad es que no te conozco, pero eso es lo de menos. Ahora estoy cerrando los ojos, como te decía al principio de la carta, y estoy sintiendo tu presencia porque nos une eso, lo único y verdadero, el amor.

Mucho ánimo, sé igual o más fuerte y confía, confía y confía. Todo irá bien porque el amor siempre vencerá.

Un abrazo muy grande,

Carlos Luque