Nada se escapa al amor |

Hola, me llamo Carlos y querría proponerte un ejercicio. Me gustaría pedirte que cierres los ojos… ciérralos durante unos segundos. Cuando los cierres, piensa en el amor, en un momento, en una persona, en una palabra, en un gesto que haya sido el más especial que hayas recibido. Por lo menos, si no es el mejor (porque igual no te viene a la mente), que sea uno auténticamente de amor. Cierra ahora los ojos y recréate en revivirlo. Sigo contigo cuando termines de disfrutarlo.

¿Qué has sentido? (respóndete interiormente). ¿Cómo te sientes?
Si en algún momento te viene una respuesta negativa o de lástima profunda, te invito a que seas consciente de una realidad que a mí me ayuda mucho en los momentos duros y tú puedes estar pasando por la sensación de vacío y soledad. Piensa que lo que has sentido al cerrar los ojos no es otra cosa que AMOR. Es el amor de una madre, de un padre, de un hermano, de una hermana, de una amiga, de un amigo… es amor y ese es precisamente el motor del mundo. Estamos con alguien porque le queremos, pensamos en el/ella por ese sentimiento, ayudamos por amor al prójimo. Después de eso, todo es secundario porque nada nos llena tanto como el amor y de eso, tú has tenido miles de momentos a lo largo de tu vida. Si aún te cuesta visualizarlo (algo completamente normal, de paso sea dicho), te doy unas ideas para que lo puedas encontrar: naciste por amor. No importa si en algún momento fue más o menos buscada tu creación, si era con más o menos ganas por parte de tus padres a la hora de criarte, si en algunos o muchos momentos sentiste que no te querían… la realidad es que ser criado o criada es un gesto de amor. Has tenido fiestas de cumpleaños con los tuyos, has tenido momentos geniales con tus amistades, has tenido instantes únicos cuando recibiste ayuda de un vecino, de un viandante, de un dependiente… todos, sin excepción, hemos tenido eso y ahí está, en el fondo de nuestra memoria y también del corazón.

No me imagino, ni por un instante, como puede ser el sentimiento de soledad que tengas. Realmente eso solo lo sabes tú y estoy rezando para que cada vez sea menor esa carga y por ello me gustaría darte un rayito de luz de esperanza y es que todo depende de ti pese a que en momentos tan complicados no lo parezca. Todo está en tus manos para que vivas este tiempo tan duro con mayor alegría porque ella será la que te impulse a estar en paz y a no sufrir más de lo que ya lo haces por lo que no puedes controlar.
En esta vida tenemos la oportunidad de demostrarnos lo que somos. Ahora es tu momento y por ello te invito a que jamás tires la toalla y que, si ves que ya no vas a poder más, que nada puede sacarte de ese hoyo oscuro y frío, te cojas a la última cuerda que te queda y que siempre estará ahí: el amor. Este amor es lo más verdadero que has tenido jamás y ha estado presente durante toda tu vida. Ha estado ahí siempre porque no se pierde, no caduca, no se marchita, no desaparece, no se evapora… no, nunca, ahí está para siempre, en lo más profundo de tu ser: en tu corazón. ¿Que aún no la ves? No te preocupes, de verdad, no eres menos que nadie, al contrario, eres como todos somos: normal. Cuesta de ver, pero creéme que está ahí y te voy a dar la última clave para que la veas. ¿Te atreves a seguir leyendo? La respuesta está a tu alrededor.
Sí, son ellas y ellos, ese doctor o doctora, la enfermera o enfermero que te está cuidando a diario, la persona que conducía la ambulancia, quien atiende las llamadas de urgencias… todo ese personal, pero especialmente el que está más cerca de ti en estos momentos, es quien te está queriendo y quien no quiere que te sientas en soledad. Todos ellos son quienes te están amando con todas sus fuerzas y quienes van a luchar hasta el último instante por verte feliz, verte con ganas de más, superando esta complicación. Así que aquí está la prueba de, una vez más, lo único verdadero, el amor que tienes y que sigue en tu vida de forma innata incluso cuando no podemos verle. Ahí está, en el momento, también, más inesperado o el lugar que no imaginarías, en el centro de tu sufrimiento, ahí está el amor.

Si quires leer más de mí puedes ir a la siguiente carta.

Un abrazo muy grande,

Carlos Luque